miércoles, 29 de mayo de 2013

Reportaje fotográfico: Tattoo Circus Madrid 2013

En el siguiente enlace podréis encontrar el reportaje fotográfico sobre la segunda edición del Tattoo Circus que se ha celebrado en Madrid. Un encuentro en el que pequeños y mayores han podido disfrutar de actividades circenses, charlas, exposiciones y de la realización de tatuajes y piercings en vivo.

martes, 28 de mayo de 2013

Gerda Taro, a la sombra de Capa

"Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva, - Guerra Civil española - tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal"

 Gerda Taro, días antes de morir.

Más de 75 años han pasado desde la muerte de Gerda Taro, considerada la primera fotoperiodista muerta en un frente de combate y una pionera del fotoperiodismo. A pesar de ello, la mujer que enamoró a Robert Capa se ha mantenido en la sombra, poco se sabe de esta fotógrafa que jugó un papel decisivo en la vida personal y profesional del fotoperiodista húngaro.

Dicen que detrás de un gran hombre se encuentra una gran mujer. En este caso era cierto, aunque no la benefició. Su romance con Capa y el hecho de ser mujer hicieron que cayera en el olvido del fotoperiodismo durante muchos años.



BIOGRAFÍA


Gerda Taro nació en Stuttgart, Alemania, en 1910. Hija de judíos polacos, su verdadero nombre era Gerda Pohorylle. A pesar de sus orígenes burgueses, desde muy joven se involucró en los movimientos sociales y obreros. Como para muchos, la situación en su país tras el ascenso al poder de Hitler provocaría su huida a París en 1933. Un año después conoció al fotógrafo húngaro André Fiedman (1913-1954), quien le enseñó técnicas fotográficas y comenzaron juntos una relación sentimental y profesional. Para poder vender más fácilmente su trabajo a las agencias se inventaron la historia de un renombrado fotógrafo americano: Robert Capa. Al principio tanto André como Gerda publicaban sus fotos bajo este falso nombre pero ha sido finalmente el fotógrafo húngaro quien se ha quedado con el nombre de Robert Capa. 

En 1936 ambos se trasladaron a España para cubrir la Guerra Civil Española. Durante los primeros meses trabajaron juntos publicando ambos sus fotografías bajo el nombre de Capa. Estuvieron en varias zonas controladas por los republicanos, como Barcelona, Guadalajara, Córdoba o Madrid. Fueron testigos de múltiples y diferentes episodios del conflicto, que publicaban después en forma de reportaje en las principales revistas europeas y americanas que informaban sobre la guerra: Regards, Vu y Life. André Friedman, ya reconvertido en Robert Capa, se convirtió en un renombrado corresponsal de guerra. Fue Friedman quien inició y enseñó fotografía a Taro pero también quien la ensombreció.

Se han encontrado cartas de Capa a su madre en las que le cuenta como Gerda cambió su vida y cómo gracias a ella pasó de ser un aspirante a fotógrafo a ser un fotógrafo misterioso que recibía múltiples encargos. Gerda se encargaba de escribir los textos y pies que acompañaban a las fotos, era la que vendía las imágenes a las revistas y fue quien creó la leyenda de Robert Capa.
En 1937 Gerda se alejó profesionalmente de Robert Capa y comenzó a firmar sus fotos como Gerda Taro. La fotógrafa vendía sus imágenes a las revistas Ce Soir y Regards, de orientación comunista. Gerda era una mujer valiente que se acercaba a la primera línea de fuego durante los enfrentamientos, poniendo en riesgo su vida.


Pero, ironías del destino, Gerda no murió por un ataque enemigo sino que, en la batalla de Brunete, cerca de Madrid, a finales de julio de 1937 fue atropellada por un tanque republicano que la aplastó y falleció a los 27 años. El 1 de agosto de 1937 tenía una cita en París con Robert Capa para celebrar juntos el 27 cumpleaños de ella antes de que él se marchara a China, pero ella jamás llegó. 


Irme Schaber, reivindicando a Taro

Gerda Taro estuvo en el olvido durante décadas. Tras su muerte muchas de sus fotografías fueron adjudicadas a su compañero Robert Capa. Fue precisamente  el conocido biógrafo de Capa, Richard Whelan, quien en su biografía sobre el fotógrafo húngaro, en 1985, reconocía la autonomía del trabajo de Taro. Pero la figura de la fotógrafa polaca no se restituyó hasta que la investigadora alemana Irme Schaber comenzó a principios de los 90 la ardua tarea de recuperar las fotografías de Gerda Taro. La investigadora pretendía contar su historia para así recuperar su figura, olvidada por el tiempo. Ella fue la primera y la que mejor ha sabido buscar los rasgos que definían a Taro y la que más ha reivindicado y ha luchado por recuperar la figura de esta fotoperiodista.

En 1994 publicó el libro Gerda Taro. Una fotógrafa revolucionaria en la guerra de España, una exhaustiva biografía sobre la fotógrafa polaca. En 2007, cuando se cumplían 70 años de su fallecimiento, Schaber organizó una exposición en el Internacional Center of Photography de Nueva York. En la muestra se exhibían cerca de ochenta fotografías, la mitad de ellas inéditas. La novedad en esta exposición era que muchas de las fotografías se adjudicaron en ese momento a Gerda Taro, ya que hasta entonces se encontraban sin autoría o adjudicadas a Robert Capa.

Schaber, en su libro sobre Taro, expone que la historia de esta fotógrafa es el claro ejemplo de cómo la historia de las mujeres se ha visto desdibujada y ocultada. En el caso de Taro, fue tomada en consideración por tres motivos principales: haber vivido y trabajado junto a Capa (un hombre famoso), ser atractiva y la tragedia de su muerte. Tres puntos que ocultan el verdadero trabajo y la personalidad de Gerda.

"Mereceríais ahora -dice el poeta- pequeña Gerda Taro y Robert Capa, un recuerdo visible en cualquier campo de batalla de entonces o en el tronco de cualquier pino de la sierra, para que sintiéramos ondear, aunque invisible, aquella pobre bandera tricolor que combatía por la paz mientras era atacada por los de la guerra".

Rafael Alberti



La imagen superior corresponde al último reportaje fotográfico realizado por Gerda Taro. Lo envió a la revista ilustrada “Regards” y las fotografías corresponden a la toma de la villa de Brunete por las tropas republicanas en Julio de 1937. A los pocos días la fotógrafa polaca fallecía debido al aplastamiento que la mitad inferior de su cuerpo sufrió al ser atropellada por un tanque republicano. El periódico francés “Ce Soir”, para el que trabajaba, dio así la noticia: "Ce Soir, 28 juillet 1937. Notre reporter photographe Mlle. Taro a été tuée près de Brunete où elle avait assisté à la bataille. Un tank républicain tampona la voiture sur le marchepied de laquelle elle était montée pour quitter le village tombé aux mains des insurgés."

“Gerda estuvo en todas partes y en ninguna. Ahora, sí: se había encontrado con una tierra que no le huía a sus pies, firme: España. Se llamaba a sí misma española; le encantaba nombrarse así"

Vicente Salas Viu

La fotografía de Taro

La fotografía de Gerda Taro se caracteriza por su cercanía y por la humanidad que se refleja en ella. Sus fotos eran de gran sensibilidad. En sus instantáneas podemos observar la nueva realidad que ofrecían los milicianos en las calles, los niños jugando entre las barricadas o las mujeres instruyéndose en la playa para la guerra. Sabía plasmar la visión más humana y femenina de los acontecimientos.
También retrató el trabajo de los campesinos cerca del frente de Aragón, la huida de la población civil en Córdoba, el cerco de Madrid y la vida en las trincheras, la batalla de Guadalajara… Además de plasmar la realidad de las víctimas de guerra en un hospital de Valencia y a los huérfanos en un orfanato de Madrid.
La información sobre el bombardeo de Valencia es exclusiva de Gerda Taro. Además, en julio de 1937, poco antes de su muerte, las instantáneas de Taro estaban muy demandadas por la prensa internacional cuando, a solas, ella estaba cubriendo la región de Brunete para la revista Ce Soir. Su cámara fue el único testimonio de la situación real.
En las fotografías de Taro se observa su evolución, como fue perdiendo el miedo a la cámara, porque a las balas no las temió jamás. Cada vez fotografiaba más cerca, como le había enseñado Capa, desde dentro del acontecimiento. Esto lo hacía por dos razones, una de ellas era su fuerte espíritu militante, por el que fue implicándose cada vez más con una situación que sentía como propia. Por otra parte, quería explorar el riesgo de la profesión que amaba, la de reportera, para captar las mejores y más exclusivas imágenes.


Su estilo de la última época, cuando decide distanciarse profesionalmente de Capa es similar al del fotógrafo húngaro, aunque se diferencian en el interés por las composiciones formales que tiene Gerda y el grado de intensidad con que fotografían temas escabrosos. Ella realiza fotografías mucho más crudas y duras.
Se cuenta que pensaban que estaba loca porque siempre corría de un lado a otro del campo de batalla buscando la mejor instantánea.

Más que una fotógrafa

Gerda era más que una fotógrafa, era una idealista que pensó que con su cámara podía cambiar el mundo y detener la marcha del fascismo en Europa. En sus fotos en blanco y negro siempre se aprecia la dignidad humana. Sus fotos pretendían concienciar sobre las consecuencias del fascismo para  que quien viera las imágenes la ayudase a detenerlo.
Gerda Taro sabía que jugaba con fuego al acudir al frente, pero ella siempre estuvo dispuesta a dejarse la vida por aquello en lo que creía.
Ibon Villelabeitia decía en su blog que cada vez que ve imágenes de Siria se acuerda de Taro y de Capa. No puedo estar más de acuerdo, tenemos una generación de fotógrafos y fotoperiodistas que plasman la realidad de la misma manera que lo hacían Taro y Capa. La misma denuncia, la misma crudeza y el mismo horror, como si las guerras a lo largo de la historia fueran siempre la misma.

En marzo de 1939, un soldado del ejército republicano guarda en su chaqueta una foto en la que aparece una reportera junto a dos hombres en el frente de la guerra. Poco a poco va recuperando su memoria: recuerda que la mujer que aparece en la fotografía se llama Gerda Taro y recuerda cómo él fue uno de los conductores que la acompañaban al frente, cuando iba a hacer reportajes que luego publicaban las revistas francesas Regards y Ce Soir. Y poco a poco, Gerda Taro se convierte para él en el símbolo de la resistencia al fascismo, como ya la coronaron tras su muerte.





Conclusión

Gerda Taro era mucho más que una fotógrafa. Era una mujer valiente y luchadora, pionera en todos los ámbitos de su vida, tanto como fotoperiodista como mujer. Sus fotos transmiten la realidad de un conflicto armado con una gran sensibilidad y humanidad.
Tan solo había oído hablar un poco de ella cuando la elegí para protagonizar el ensayo. No puedo estar más contenta de haber tomado esa decisión. Es, para mí, un ejemplo de lo que debería ser un fotoperiodista. Hasta que no comencé a buscar información sobre Gerda Taro y Robert Capa, no era conocedora de la relación sentimental y profesional que habían mantenido, y de cómo cambiaron sus nombres para poder vender mejor sus fotografías. Me ha llamado mucho la atención, porque es una historia que parece sacada de una novela.
Era una persona idealista y soñadora que quería cambiar el mundo mediante lo que sabía hacer, la fotografía. En definitiva, me ha cautivado su valentía al buscar la mejor foto moviéndose por el campo de batalla, lo que algunos calificaron de locura y elevó a la máxima expresión la frase de su pareja “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es porque no te has acercado lo suficiente”.